FRENTE A VENEZUELA
El PBG, frente a los graves acontecimientos ocurridos en nuestra región, declara:
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El gobierno de Nicolás Maduro ha sido una dictadura cruel, acusada por organismos independientes internacionales de graves violaciones a los derechos humanos y corrupción. Su política económica fallida ha causado el exilio de la cuarta parte de su población. No obstante, a la luz de los acontecimientos recientes, la caída del dictador no anuncia la instauración de un régimen verdaderamente democrático, demanda central del pueblo venezolano, que ha sido explícitamente postergada hasta lograr los objetivos económicos y geopolíticos de la intervención.
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La acción militar unilateral y violenta de un Estado contra otro constituye una grave vulneración de los principios fundamentales de soberanía y no intervención sobre los que se sustenta el orden internacional. Este tipo de acciones amenaza la paz regional, normaliza el uso de la fuerza y legitima la violencia como mecanismo para resolver conflictos, debilitando los fundamentos del derecho internacional.
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Estos hechos se producen en el contexto de una crisis profunda del sistema internacional, en particular de la ONU y de la OEA, incapaces de cumplir eficazmente su mandato de preservar la paz. Asimismo, deben interpretarse a la luz de la nueva estrategia de seguridad nacional de la actual administración norteamericana, que postula adelantar la paz mediante la fuerza y el comercio a través de la presión. Para las naciones americanas, ello puede anunciar un período en el que, desplazando los valores democráticos, volvería a imponerse la ley del más fuerte. Hoy el debate internacional gira alrededor del petróleo, el oro, las tierras raras, las rutas marítimas, los puertos y la geopolítica, no en torno a la democracia, los derechos humanos, la libertad o la acción conjunta para el desarrollo y la cooperación económica.
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Es deber de la élite política peruana, latinoamericana y mundial actuar con responsabilidad histórica y hacer todo lo necesario para crear un nuevo consenso que reorganice y preserve y la vigencia de los organismos multilaterales, de modo que los inevitables desequilibrios, transiciones y reconfiguraciones del poder global se produzcan, con todos y contra nadie, de manera pacífica y conforme al derecho internacional.
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Finalmente, convocamos a las fuerzas políticas, empresariales, culturales y sociales de nuestro país, más allá de nuestras legítimas diferencias, a construir consensos —como ya lo hemos hecho en momentos críticos de nuestra historia— en torno a una estrategia nacional, regional y global que defienda los intereses permanentes del Perú, su capacidad de decisión soberana, su continuidad como nación independiente y el destino de las futuras generaciones.
Lima, 8 de enero de 2026